Piel guapa bajo el sol… ¿Preparada, lista? ¡Ya!

Tu piel aún está despertando. Aquí ocho reglas de oro para broncearte sin riesgos. Ya aprieta el sol con ganas, pero tu piel todavía está despertando poco a poco de su letargo, después haberle visto más bien poco la cara durante el lluvioso otoño y la inestable primavera que hemos tenido...


Como sabes, el exceso de radiación solar no solo conlleva el riesgo de sufrir esas indeseables quemaduras que nos hacen poner el grito en el cielo con tan solo el roce de la ropa, sino que puede producir otros efectos a largo plazo, como un envejecimiento prematuro e irreversible de la piel del cuerpo y de la cara (arrugas, manchas, flaccidez…), y daños mucho mayores, como el cáncer de piel. ¿Quieres lucir una piel guapa y sana? Estas son los requisitos que tienes que seguir cada día.

Crema solar, ¡Siempre!

Aplícate en todo el cuerpo una crema fotoprotectora de factor alto. El factor de protección solar (FPS) indica el número de veces que la crema solar aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente al eritema o enrojecimiento previo a la quemadura. Por eso, el factor que uses debe ser mayor cuanto más clara o sensible sea tu piel.

Al principio del verano, tras muchos meses de estar cubierta por la ropa, la piel está casi desnuda frente a la agresión que supone la radiación ultravioleta que irradia el sol. Por tanto, si te aplicas una crema de “pantalla total” o +50, mejor que mejor. A medida que tu piel se vaya acostumbrando al sol, puedes aplicarte una crema con un factor más bajo. No obstante, los dermatólogos de la Academia Española de Dermatología y Venereología recomiendan un factor 30 como mínimo.

Renueva la crema con frecuencia si vas a exponerte al sol de manera directa, y sobre todo si vas a realizar actividad física al aire libre (porque sudarás más de lo habitual) y después de cada baño en la piscina, en el mar o en el río, aunque la crema indique que es “resistente al agua”. En los niños, estas medidas se deben extremar, no exponiéndoles nunca al sol antes de los seis meses de edad.

Cabeza a salvo

Cuidado, el cuero cabelludo también se quema. En las personas con amplias “entradas” o con alopecia, la cabeza es especialmente sensible al sol, por lo que es muy importante que se apliquen en ella una buena capa de crema solar. Sea como sea la frondosidad de tu cabellera, no olvides ponerte una gorra, un sombrero o un pañuelo cuando salgas al sol.

Y esas zonas olvidadas...

Una de ellas es el área ocular: los párpados y la piel que rodea los ojos son extremadamente sensibles. Siempre que estés al aire libre, aplícate una crema solar específica para los ojos (la corporal te puede producir intolerancia o alergia) y usa unas gafas de sol que absorban el cien por cien de las radiaciones de rayos UV, preferiblemente amplias.

Tampoco abandones otras zonas que se queman con facilidad si no nos ponemos crema solar, como las orejas, la nuca, la zona posterior de las rodillas, la cara interna de los codos, las axilas, las ingles o los pies.

Fuera células muertas

Sobre todo en los primeros días estivales, exfolia tu cuerpo y tu rostro con una manopla de crin o con cepillo suave, o bien con un gel exfoliante, para eliminar la piel muerta y conseguir que los nutrientes de las cremas penetren mejor y hagan mayor efecto.

En la dosis justa

El sol es más dañino en durante las horas centrales del día (entre las 12.00 y las 17.00 horas). En ese tramo horario conviene no exponerse al sol durante mucho tiempo. Ten a mano una sombrilla o sitúate junto a un árbol o a cualquier zona sombreada. ¿Que te apetece una siestita? Duerme siempre a la sombra, sin dejar ninguna zona de tu cuerpo al sol.

Hidratada y alimentada "desde dentro"

  • Una alimentación basada en alimentos frescos, como frutas y verduras, así como tomar un mínimo de dos litros de líquido al día (agua, zumos naturales, batidos, infusiones frías…), ayuda a prevenir la deshidratación y el envejecimiento de la piel.

  • No deben faltar en nuestro menú los nutrientes con capacidad antioxidante: vitamina A y su precursor, el betacaroteno (que favorece la producción de melanina, responsable del bronceado), vitaminas B, C y E, ácidos grasos omega 3 y minerales como el selenio, el zinc y el azufre.

  • Tampoco pueden faltar los polifenoles, que nos protegen frente a la oxidación celular acelerada por la radiación ultravioleta. Todos estos nutrientes se encuentran, principalmente, en frutas y verduras, así como en los cereales, las legumbres, los pescados y en el aceite de oliva virgen extra.

Frescor después del sol

Tras un día de sol, no te olvides de aplicarte una crema “aftersun”. Notarás al instante su efecto calmante y refrescante, y te ayudará a prevenir el envejecimiento de la piel y la aparición de manchas, así como a potenciar un bronceado más sano, uniforme y duradero.

Bronceado sin “sol en lata”

Está demostrado que el uso de cabinas de bronceado aumenta el riesgo de cáncer de piel, puesto que los rayos uva penetran y dañan de manera peligrosa las capas profundas de la piel. También suponen un auténtico peligro los aceites aceleradores del bronceado: no los uses tú ¡y ni mucho menos tus niños! si tienes la piel clara y te apetece lucir bronceado desde los primeros días del verano, es mucho más sano, más barato y más cómodo utilizar algún cosmético autobronceador (maquillaje, crema hidratante…), que se adapte a tu tono natural.

Si descubres alguna mancha o lunar sospechoso en tu piel, procura no exponerlo en ningún momento a la luz solar y acude sin tardanza al dermatólogo.

 

 

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