Las aguas termales, que emergen de la tierra cargadas de minerales y oligoelementos, son un elixir de salud. Bebidas o usadas para el baño, alivian decenas de dolencias. Pero no todas valen para todo. Si quieres saber para qué sirve cada una, acompáñanos.


Las dolencias y el estrés se disuelven en las aguas termales. Esta evidencia la conoce el ser humano desde hace siglos. Ya 2.000 años antes de Cristo existían en Asia construcciones dedicadas al uso y disfrute de este regalo de la naturaleza, aunque en Europa, sin duda, fueron las culturas griega y romana las que le sacaron el mayor partido.

La aguas termales son aquella que emergen de la tierra a altas temperaturas y que, por este origen natural llegan a la superficie cargadas de minerales. Por su temperatura se pueden dividir en cinco tipos: son frías cuando están a menos de 20 °C; hipotermales, cuando se encuentran entre 20 y 35 °C; mesotermales, entre 35 y 45 °C; hipertermales, entre 45 y 100 °C; y supertermales, entre 100 y 150 °C.

La hidrología médica

El agua termal ejerce efectos beneficiosos sobre el cuerpo a niveles biológico, físico y químico. El estudio de estos efectos, la hidrología médica, es una especialidad de la Medicina desde 1955.

El baño en aguas termales aumenta la temperatura del cuerpo, matando gérmenes, al tiempo que incrementa la circulación sanguínea y la oxigenación, eliminando toxinas. Además, los minerales que contiene son absorbidos por el organismo.

Los efectos del agua termal sobre el cuerpo dependen, en gran medida, de los minerales disueltos o suspendidos en ella. De este modo, pueden aumentar el metabolismo, estimular las defensas, depurar la sangre, facilitar la digestión o aliviar dolores reumáticos. Según la Sociedad Española de Hidrología Médica, la duración más recomendable para cualquier cura termal –el conjunto de factores terapéuticos que actúan sobre el individuo en un balneario– es de unas tres semanas. Las técnicas de administración de las aguas termales son múltiples –existen más de 40 formas de aplicarla–, y van desde la ingesta hasta la inhalación, el baño de inmersión o la aplicación de lodos con propiedades terapéuticas.

Sumergirse en agua termal aumenta la temperatura del cuerpo y acaba con los gérmenes.

¿Para qué sirve cada agua?

  • FERRUGINOSAS: Son especialmente eficaces para paliar estados carenciales y dolencias hepáticas. Favorecen la regeneración de la sangre, mejoran los casos de anemia, actúan sobre las enfermedades de la piel y ayudan en los regímenes adelgazantes.

  • CLORURADAS: Por vía interna son antidiuréticas y estimulan la secreción gástrica y biliar. Por vía externa, su acción es antiséptica y estimulante de la cicatrización.

  • SULFURADAS Y SULFUROSAS: Están indicadas en dolencias reumáticas, dermatológicas y procesos respiratorios crónicos.

  • SULFATADAS: Estimulan las funciones orgánicas, especialmente en el aparato digestivo, y son descongestionantes y purgantes. Se recomienda beberlas para regular el sistema digestivo.

  • BICARBONATADAS: Controlan la respuesta anafiláctica y regulan el sistema digestivo, comportándose como hepatoprotectoras y antidispépticas.

  • CARBÓNICAS: Estimulan el apetito y favorecen el buen funcionamiento del aparato circulatorio.

  • RADIACTIVAS: Tienen efecto antiespasmódico, antiálgico y analgésico. Se indican en patologías psiquiátricas y cuadros de estrés, enfermedades articulares y reumáticas, procesos asmáticos y afecciones circulatorias. Además, aumentan la actividad tiroidea y mejoran la microcirculación en diabéticos.

  • SÓDICAS: Presentan acción antiséptica, ya que dificultan el desarrollo de ciertos gérmenes, además de ser protectoras hepáticas y antitóxicas. Se recomiendan en heridas infectadas. Además, son muy valiosas en catarros porque ayudan a eliminar las secreciones bronquiales, relajan la musculatura asociada y neutralizan toxinas.

  • CÁLCICAS: Se recomiendan en afecciones del tracto digestivo y en aquellas relacionadas con la degeneración ósea. También son muy beneficiosas en el colesterol alto.

  • CARBOGASEOSAS: Se usan en afecciones del aparato circulatorio, como hipertensión arterial, vasculopatías…

  • FLUORADAS: Tienen una acción beneficiosa para los huesos, protegen la formación y conservación de la dentadura y previenen la osteoporosis.

  • MAGNÉSICAS: Indicadas en problemas digestivos, hepáticos y renales, así como en la prevención y tratamiento de la arterioesclerosis y enfermedades cardiovasculares y en estados carenciales de magnesio producidos por una dieta desequilibrada.

  • OLIGOMETÁLICAS: Presentan concentraciones minerales muy bajas, pero contienen componentes específicos activos de gran valor terapéutico. Tienen acción diurética, favorecedora de la secreción de residuos y regulan el nivel de agua óptimo para el organismo.

  • PELOIDES (FANGOS, LODOS…): Son la mezcla de un agua mineromedicinal con un producto sólido natural. Las principales indicaciones terapéuticas son los reumatismos crónicos, las rigideces articulares y determinadas neuralgias.

 

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