Aparecen en cualquier época, pero en verano, con los efectos del sol, se dan más. Lo bueno es que se pueden atenuar sus molestias.

Las altas temperaturas del verano suelen ser uno de los desencadenantes de las cefaleas en las personas propensas a sufrirlas. Pero no solo es el calor: la mayor intensidad de la luz y una cierta tendencia a la deshidratación, así como la costumbre de tomar bebidas muy frías, pueden causarlas y hasta agudizar sus síntomas.

«En invierno solemos estar más resguardados, pero con el buen tiempo y los días largos pasamos muchas más horas al aire libre bajo el sol, aumentando así el riesgo de sufrir las cefaleas. Las altas temperaturas provocan la dilatación de las arterias, lo que conlleva el riesgo de cefaleas», explican desde la Sociedad Española de Neurología (SEN). Estas, además de por el dolor de cabeza, se pueden manifestar junto con otros síntomas como náuseas, calambres, hipotensión, visión borrosa o cansancio. Sin embargo, con estos sencillos gestos podrás prevenirlas y minimizarlas:

Ten cuidado con…

… el sol en los ojos. Muchas cefaleas son producto de la tensión ocular. Evita la luz fuerte del sol o de cualquier fuente lumínica intensa.

… el ejercicio físico intenso. La actividad física es mejor dejarla para las primeras horas del día o para las últimas de la tarde evitando las horas centrales del día, bajo altas temperaturas.

… la deshidratación. También es necesario beber agua y no tomar alimentos cuya temperatura marque una gran diferencia con la de nuestro cuerpo, ya que los estímulos fríos pueden desembocar en esos dolores.

… el sueño. Para no alterar los biorritmos una buena medida es dormir el mismo número de horas al día pues al cambiarlos segregamos una sustancia en el hipotálamo que hace que aumente la presión y, por lo tanto, las cefaleas.

… los cambios bruscos de presión. Ya sea practicando buceo o por subir a un avión pequeño, donde la despresurización es mayor. Estas dos sencillas acciones también pueden provocar estos dolores de cabeza.

Remedios caseros

Asegúrate de llevar la cabeza cubierta siempre que salgas de casa durante las horas de más luz.

Humedece la frente o el cuello con agua y túmbate en un lugar en la penumbra. Así disminuirás el dolor.

Duerme las horas suficientes y bien en un lugar ventilado. Pero, recuerda: dormir en exceso también es malo.

Haz ejercicio, pues al relajar los músculos se libera la tensión que causa la migraña.

Ten siempre a mano ácido acetilsalicílico, paracetamol o ibuprofeno para reducir la intensidad y la duración de los ataques.

Evita los lácteos, el chocolate, la salsa de soja, la comida china (contiene glutamato monosódico), los alimentos light, las harinas blancas refinadas, el azúcar y el alcohol, pues estos alimentos inflaman determinadas áreas cerebrales y dificultan el control de las cefaleas.

Dieta _light_

Las frutas y verduras –preferiblemente de temporada–, los cereales integrales, el zumo de limón, la miel de abejas y, en general, las comidas ligeras son las mejores para evitar jaquecas y cefaleas.

EL CHOCOLATE INFLAMA EL CEREBRO Y DIFICULTA EL CONTROL DE LA CEFALEA

Migrañas: Las hormonas tienen la culpa 

Aunque la mayoría de las cefaleas se desencadenan por factores ambientales, las migrañas tienen una base genética y están muy influidas por nuestros niveles de hormonas. Por eso, pueden ser más frecuentes antes de la menstruación, como consecuencia de la fuerte bajada de estrógenos que se produce en ese momento. Sin embargo, como durante el embarazo el nivel de estrógenos de la mujer es muy alto, resulta muy raro sufrirlas.

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