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Exfoliantes naturales: Saca partido a tu piel

La dermis, para que luzca más bella, se debe renovar. En eso consiste la exfoliación. Con estos pasos lo lograrás fácilmente.

Aunque imprescindibles, la limpieza y la hidratación no son suficientes para el completo cuidado de la piel. La exfoliación, que favorece la renovación celular natural de la dermis, es el último de los pilares básicos para lograr una piel perfecta. Pero no a todas les va bien lo mismo: cada piel requiere una frecuencia y un tipo de peeling y una crema exfoliante que le vaya como anillo al dedo.

 

Si la tienes seca…

Necesitas un peeling muy suave que elimine solo la capa más superficial de la dermis y no dañe el tejido. Para exfoliarte usa preferiblemente arcilla verde, que absorbe las sustancias tóxicas, y es depurativa, regeneradora y tiene efecto cicatrizante.

¿Cómo? Dilúyela en un poco de aceite de oliva o de caléndula. Tiene que quedarte espesa. Aplícatela con movimientos circulares sobre la piel, deja que actúe unos minutos y aclárala con agua tibia. Luego aplícate tu crema hidratante habitual.

 

Si la tienes mixta…

Necesitas una crema exfoliante que controle la oleosidad de tu piel y las impurezas del cutis y que, además, cuide las zonas más secas. La avena molida, en tu caso, es la mejor opción.

¿Cómo? Mezcla dos cucharitas de avena molida y dos de azúcar moreno con un poco de leche –puedes sustituirla por un gel de aloe vera y agua si necesitas un efecto calmante–. A continuación, frótala en tu rostro con un movimiento circular durante al menos 30 segundos antes de enjuagar. Termina con un tónico a base de agua de rosas –muy calmante– y tu tratamiento diario habitual.

 

Si la tienes grasa…

Necesitas una exfoliación intensa que elimine la capa de células muertas y el exceso de sebo. Te recomendamos esta a base de sal. Puedes utilizar la variedad rosa del Himalaya, muy rica en minerales, o la sal marina.

¿Cómo? Mezcla una cucharada de sal y una cucharada grande de yogur natural hasta conseguir una pasta homogénea. Frótatela por el rostro, especialmente en las zonas más grasas, con movimientos circulares. Retírala con una esponjita facial humedecida y termina con un tónico y una hidratante.

 

La técnica MÁS ADECUADA

La exfoliación, si no la realizas correctamente, puede resultar demasiado agresiva para tu piel. Para evitarlo, sigue estos tres pasos: 1. Limpia tu rostro de restos de maquillaje y de suciedad. Humedécelo y coge una cantidad sufi ciente de exfoliante –una cucharada– y repártelo en ambas manos. 2. Masajea el cutis con movimientos circulares y siempre hacia arriba, sin hacer fuerza. 3. Evita el contorno de ojos y labios, y retíralo con agua tibia.

 

Cuidado si...

Exfóliate solo si no vas a salir de casa, por la tarde o por la noche. Así evitarás la luz del sol, que podría provocarte la aparición de manchas o lentigos solares en el rostro.

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