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Viernes 17 de Noviembre del 2017

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Dulces sueños para un corazón sano

Problemas del sueño, como dormir muy poco o demasiado, el insomnio o irregularidades respiratorias...

..., pueden estar relacionados con una variedad de factores que pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, según una nueva declaración científica de la Asociación Americana del Corazón que se publica en su revista “Circulation”. La Asociación Americana del Corazón no tiene una recomendación sobre la cantidad de sueño que se necesita para la salud cardiovascular, ya que no hay suficiente evidencia científica en este momento en el que basarla.

La primera declaración de la Asociación Americana del Corazón sobre el sueño y la salud del corazón esboza lo que se sabe actualmente sobre las irregularidades del sueño y los factores de riesgo relacionados con el sistema cardiovascular, incluyendo la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades del corazón y la aterosclerosis, arritmias, la hipertensión, el accidente cerebrovascular, niveles poco saludables de triglicéridos y el colesterol.

“Sabemos que el sueño corto, por lo general definido como menos de 7 horas por noche; demasiado largo, más de 9 horas por noche, y trastornos del sueño pueden aumentar algunos de los factores de riesgo cardiovascular, pero no sabemos si mejorar la calidad del sueño reduce esos factores de riesgo. Dado que la evidencia científica no muestra una relación dosis/respuesta específica entre la duración del sueño y la salud cardiovascular, la Asociación Americana del Corazón no puede ofrecer consejos específicos sobre la cantidad de sueño que se necesita para proteger a las personas de la enfermedad cardiovascular”, dice Marie-Pierre St-Onge, presidenta del panel que revisó la ciencia.

Gran parte de la investigación científica sobre el sueño y la salud del corazón se centra en el insomnio o la apnea del sueño. El insomnio se define como la dificultad para conciliar o mantener el sueño, por lo menos durante tres noches a la semana durante tres o más meses. La apnea del sueño se diagnostica cuando alguien tiene un promedio de cinco o más pausas en la respiración, que pueden durar de segundos a minutos, por hora de sueño. Estas pausas se deben a una vía respiratoria más estrecha de lo común.

EVALUAR LA CANTIDAD Y LA CALIDAD DEL SUEÑO DE LOS PACIENTES

La evidencia que relaciona los problemas del sueño con la obesidad y la diabetes se ha estudiado más, según St-Onge, profesora asociada de Medicina Nutricional en la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. “Ésas son los dos principales trastornos en los que existen estudios de intervención que muestran que los factores de riesgo se incrementan cuando se altera el sueño”, afirma. En la obesidad, por ejemplo, los estudios muestran que el sueño afecta a la ingesta de alimentos y podría afectar directamente el riesgo de obesidad, pero que la investigación ha sido por periodos cortos, por lo que se necesitan largos estudios que midan el impacto real.

Del mismo modo, estudios más largos podrían ayudar a mostrar si las variaciones del sueño a lo largo de semanas podrían influir en el colesterol en la sangre de los pacientes, los triglicéridos, o los marcadores inflamatorios, según St-Onge, quien apunta que se necesita también más y mejor evidencia para vincular directamente un sueño inadecuado o pobre con la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares. La investigación del sueño en esas áreas ha sido en gran medida de observación, estableciéndose una conexión pero no demostrando que los problemas del sueño causen los trastornos.

En todo caso, St-Onge señala que los proveedores de salud deben preguntar a los pacientes sobre la solidez de su sueño: cuánto duermen, cómo de bien o si roncan. Las personas con sobrepeso y que roncan deben remitirse a un especialista del sueño para comprobar si sufren apnea, aconseja St-Onge, mientras que los pacientes con falta de sueño o insomnio deben ser aconsejados sobre cómo mejorar su sueño y someterse a evaluaciones de seguimiento.

“Los pacientes deben ser conscientes de que el sueño adecuado es importante, al igual que la actividad física y comer una dieta equilibrada rica en frutas, verduras, granos integrales, carnes magras y pescado son importantes para la salud cardiovascular”, recuerda St-Onge. “El sueño es otro tipo de munición que podamos adaptar para mejorar la salud”, afirma.

 

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