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Bien protegidos, ante las bajas temperaturas

Cuando el mercurio no se eleva demasiado en el termómetro hay que tomar una serie de medidas para prevenir que afecte a nuestro organismo. Entérate de cuáles son y disfruta de este otoño...

Nuestro organismo es una máquina que mantiene una temperatura corporal más o menos constante: la media en los adultos es de 37ºC y en las personas mayores suele ser de unos 35ºC. Nuestra máquina cuenta con diversos sistemas que mantienen ese equilibrio ideal de temperatura, tales como receptores en la piel que recogen la sensación de frío y mandan la información a nuestro cerebro, nuestras arterias y venas, hormonas, etcétera.

Sin embargo, con el paso de los años, estas estructuras van perdiendo eficacia y nuestro cuerpo disminuye su capacidad para soportar la exposición al frío, con lo que la sensación térmica cambia.

Mala respuesta ante el frío

Ciertas enfermedades, como la diabetes o el hipotiroidismo (disminución de las las hormonas tiroideas), entre otras patologías, así como la pérdida de grasa corporal, pueden ser causantes de una mala respuesta corporal ante el frío. Pero, sin duda, la causa más común tiene como protagonistas a nuestros vasos sanguíneos. Con el transcurso de los años, las venas y arterias –las "autovías" de la sangre– se estrechan, por lo que el flujo sanguíneo es menor y, por tanto, disminuye nuestra capacidad para retener el calor en nuestro interior.

Cuida con...

El principal riesgo en las personas mayores en épocas de frío es la hipotermia, es decir, cuando la temperatura central de nuestro organismo desciende por debajo de los 35ºC. ¿Cómo saber si estamos ante una hipotermia?

  • No es tan fácil, porque son muchos los mayores que no se quejan o, simplemente, no son conscientes de que tienen frío. Los escalofríos son una señal de que nuestros músculos trabajan a causa del frío.
  • Observa si la persona mayor está adormecida, habla lentamente y de manera balbuceante, tiene la respiración poco profunda, el pulso débil o sufre entumecimiento en brazos y piernas.

Qué hacer

Lo idóneo para aliviar la sensación de frío corporal es aplicar calor, pero no de forma directa. Lo mejor es abrigarse con mantas. Si la sensanción de frío es intensa y constante, es sumamente importante consultar a un médico.

Prevención

Toma nota de unos consejos para prevenir la hipotermia:

  • Vístete de forma adecuada. Ropa cálida y abrigada. Las prendas impermeables evitan el paso de humedad. Conviene proteger con mayor cuidado las zonas más delicadas o con mayor pérdida de calor, como la cabeza (gorro), manos (guantes o manoplas, sobre todo en los más pequeños y ancianos), y pies (empleando dos calcetines, de algodón primero y el segundo de lana). Una bufanda también te ayudará.
  • No salgas cuando el frío sea intenso y mantén la temperatura en casa en torno a los 21-22ºC.

Si tu salud es delicada, ¡vigílate más!

Enfermedades pulmonares. Las personas que padecen bronquitis crónica o asma, en épocas de frío y humedad pueden sufrir más problemas respiratorios.

Problemas cardiovasculares. En estos casos también se puede sufrir un empeoramiento con el frío. La temperatura baja desencadena la aparición de síntomas como un mayor cansancio o peor tolerancia al esfuerzo, así como molestias en el pecho al realizar ejercicio físico.

Enfermedades de la piel. Empeoran también con el frío, el viento y la humedad. Esos agentes climáticos, además de disminuir el flujo sanguíneo en la piel, favorecen la sequedad (deshidratación) y disminuyen su elasticidad. Los sabañones son unas lesiones inicialmente pequeñas que aparecen en las zonas más expuestas.

Articulaciones: La artrosis suele empeorar con las bajas temperaturas.

La dieta contra el frío

En épocas de bajas temperaturas, una buena alimentación puede ayudarte a luchar contra el frío:

  • Alimentos frescos que aporten vitamina A y C. Se recomiendan especialmente frutas como los cítricos y hortalizas verdes como los pimientos y tomates, así como los frutos secos.
  • Las proteínas (carne, huevos, legumbres...) son también importantes.
  • No te olvides de las patatas, que aportan hidratos de carbono.
  • Consume lácteos (mantequilla, margarina y queso), ya que tienen un alto contenido de calcio y fósforo.
  • La miel, por su alto contenido en fructosa, también es beneficiosa.
  • Las frutas desecadas son recomendables por su aporte de minerales y oligoelementos.
  • Consume abundantes líquidos. Es muy importante estar bien hidratado.
     

 

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