Antes de elegir cualquier método de bronceado, debemos prepararnos. Es muy importante la hidratación, normalmente en invierno descuidamos nuestra piel, nos preocupamos más por los cuidados faciales y dejamos a un lado el resto de nuestro cuerpo. A pesar de que agredimos menos nuestra piel, porque la exposición al sol es menos frecuente, debemos utilizar cremas hidratantes, exfoliándola antes, para que los nutrientes de las cremas hagan mayor efecto. Tampoco debemos olvidar hidratarnos desde dentro, es decir, beber más de 1.5 litros de agua al día y evitar el alcohol y el tabaco, grandes enemigos que contribuyen a la flacidez y aparición prematura de arrugas.
Una vez que hemos conseguido preparar la piel, tenemos varios sistemas de bronceado sin sol;
De estas opciones, la más recomendable es la cosmética porque no solo hay marcas que elaboran colores muy naturales, sino que hidratas la piel, es más barato y más cómodo ya que son sencillas de aplicar y se puede hacer en casa.
Si decidimos optar por los rayo UVA, debemos tener en cuenta que resultan muy agresivos para la porque penetran en las capas profundas de la piel. Debemos aplicarlos con responsabilidad y en algunos casos, bajo estricto control médico. Si ya tenemos la piel bronceada podemos reducir el tiempo de exposición para mantenerla.
Ya de cara al verano que viene, debemos tener en cuenta los efectos nocivos de las largas exposiciones al sol, elegir las horas más adecuadas y saber que cada tipo de piel tolera de forma distinta las radiaciones solares. Especial cuidado debemos tener con los niños que dependen de nosotros para proteger su piel frente al sol. |