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Martes 26 de Septiembre del 2017

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"Mi pareja me ha abandonado". Las dependencias afectivas. Cómo superarlo

Un porcentaje elevado de personas que caen en depresión han sufrido un abandono por parte de sus parejas. Esta situación se experimenta con sentimientos muy dolorosos. Decimos en el ámbito cotidiano «Me ha roto el corazón». Los psicólogos hablábamos de fractura biográfica porque algo se rompe en nuestras vidas después de ser abandonados. La ruptura va a marcar un antes y un después porque no sólo prescindimos de la pareja, sino del estilo de vida que llevábamos hasta el momento. Además, el abandono afecta a la autoestima del abandonado.

Las canciones románticas están llenas de mensajes del tipo: «Mi vida se acabó», «Mi vida sin él no tiene sentido», «No puedo vivir sin mi amor», «Ya no me vuelvo a enamorar, que demasiado he sufrido ya». Y lo peor de todo es que nos lo creemos. ¡Pues no! Hay vida después de una ruptura y, en muchas ocasiones, una vez hemos asumido adecuadamente la pérdida del otro, la vida puede tomar un giro insospechado para mejor. Sé que, en un primer momento, esto te puede parecer mentira. Pero créeme: lo he visto en innumerables ocasiones tanto en la consulta como fuera de ella.

El hecho de tener pareja es casi una obsesión cultural. Nos han hecho creer que somos seres incompletos y, para sentirnos plenos, tenemos que buscar la complementación en otros. El conocido mito de “la media naranja” es una falacia cultural. Cuando alguien acude a mi consulta destrozado por haber sido abandonado por su pareja, le explico que son una naranja entera, que tienen dos manos, dos piernas, dos ojos, que son individuos completos, únicos, irrepetibles y, por lo tanto, especiales.

Todos y cada uno de nosotros tenemos capacidad para ser autosuficientes y razonablemente felices, siempre y cuando nos demos el afecto, el cuidado y las atenciones que necesitamos. Sin olvidar que nuestra capacidad de amar es limitada. Por lo tanto, esa capacidad de darnos amor tiene necesariamente que expandirse con el amor a los demás.

Una ruptura sentimental puede ser la oportunidad para vivir de una forma más plena, sin cerrarnos a las relaciones afectivas. Porque, cuando uno aprende que es una naranja entera, lo más probable es que encuentre otra naranja entera y entonces... ¡imagínate qué cantidad de zumo!

El mejor enfoque para superar un abandono es romper con las dependencias emocionales.

Cuando nos creemos medias naranjas y pensamos que somos incompletos, ponemos el poder de nuestras vidas fuera de nosotros.

 
¿Cómo distinguimos las dependencias emocionales?

Te pondré algunos ejemplos:

  • Cuando el criterio del otro tiene sistemáticamente más importancia que el tuyo propio, existe dependencia emocional.
  • Cuando olvidas lo que te gusta para hacer siempre y únicamente lo que le gusta al otro, hay dependencia emocional.
  • Cuando siempre te culpas por cualquier cosa que no funciona en la relación, hay dependencia emocional.
  • Cuando eres capaz de hacer renuncias, sacrificios y sufrir infinitamente por el otro, existe dependencia emocional.
  • Cuando tu estado emocional es un espejo del estado emocional del otro, hay dependencia emocional.

No confundamos dependencia con amor, ya que el amor es un intercambio de afectos entre dos personas libremente y de igual a igual.

Cuando una parte de la pareja se vuelve exageradamente dependiente, está depositando la responsabilidad de su vida en el otro. Como, por lo común, ya nos resulta complicado hacernos responsables de nosotros mismos, si percibimos que nuestra pareja deposita en nosotros esa carga puede que decidamos liberarnos de ese lastre.

Por lo tanto, no hay que confundir amar con necesitar ansiosamente. Así, si somos abandonados, tenemos la oportunidad de aprender a no establecer vínculos de dependencia, sino relaciones libres e igualitarias.

Para que el dolor de una ruptura no arrase, puedes seguir los siguientes consejos:

  • Haz una lista de los defectos de tu ex pareja, recordando las cosas que más te molestaban. Al hacer una lista en la que conste todo lo que no te gustaba del otro (que le olían los pies, que dejaba pelos en el lavabo o que sólo le gustaba la paella de su mamá), estás desidealizando al otro. Si bajamos al ídolo de su pedestal, nos es más fácil prescindir de él.
  • En segundo lugar, tenemos que paliar la pequeña jugarreta que nos suele causar la memoria en estos casos.
  • La relación en los últimos tiempos antes del abandono suele ser una relación dañada (y dañina). Lo más normal es que hubiera abundantes discusiones o percibieras al otro ausente y distante. Sin embargo, la memoria nos hace la mala jugada de olvidar esos malos momentos y recordar lo buenos. Regodearnos en esos buenos momentos del pasado sólo hace más grande la herida. Por eso, te aconsejo que guardes en un lugar lo más inaccesible posible las cartas y las fotografías o los objetos que puedan evocar esa nostalgia perniciosa. No se trata de renunciar a tu pasado: cuando estés fuerte y el trauma esté superado, lo puedes volver a recuperar. Pero, de momento, es mejor poner una prudente distancia.
  • Aprovecha también este momento para hacer pequeños cambios en la decoración de tu entorno. Por ejemplo, pon en la pared ese abanico que a él no le gustaba o cambia los cojines del sofá, cómprate alguna prenda que siempre te había gustado y a tu pareja no... Y ya que estamos dentro de casa: ahora puedes ver los programas que te gustan a ti y escuchar tu música favorita. Lo de la música con una excepción: ¡por favor, durante un tiempo no te lances a escuchar canciones románticas obsesivamente! Te harán sentir peor.
  • El siguiente consejo cae por su propio peso: procura evitar el aislamiento. Busca el apoyo de familiares y amigos que estarán encantados de echarte una mano. No asumas un papel de víctima. Construye tu propia vida.
  • Arréglate: cuando descuidamos nuestro aspecto y vemos nuestra imagen reflejada en el espejo o en un escaparate por la calle, aún nos sentimos peor. Por eso, procura vestir bien y cuidar tu imagen.
  • Ahora vas a disponer de tiempo para ti. Te sugiero que fomentes aquellas actividades que no hacías porque no eran del agrado de tu pareja.
  • Ten paciencia y sé tolerante contigo, pero toma las riendas de aquellas funciones que solía realizar tu pareja. Añadir nuevas destrezas te hace sentir dueño de tu propia vida.
  • Y, sobre todo, no te culpes ni sientas que has fracasado como persona. Tómate tu tiempo para sanar tus heridas y comprobarás que el tiempo corre a tu favor y pronto volverá a salir el sol.

Margarita Rojas 

 
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