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Miércoles 22 de Febrero del 2017

La depresión posparto

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«Hace dos meses que nació mi hijo y desde entonces no levanto cabeza. Estoy agotada, hipersensible y tengo muchas ganas de llorar. Tengo 30 años y tenía unos grandes deseos de ser madre. Ahora que lo he conseguido estoy fatal. ¿Qué me pasa?»

Indudablemente, Eva (la persona que decía estas palabras) padecía lo que denominamos depresión posparto. Este término es relativamente nuevo, aunque la depresión posparto haya podido existir siempre.
¿Por qué algunas mujeres padecen depresión posparto? Los psicólogos hablamos de multicausalidad cuando coinciden varios factores de mayor o menor intensidad y es la suma de estos factores la que va a provocar la dolencia emocional.

En la depresión posparto, influyen varios factores. Veamos algunos de los más importantes:

  • En primer lugar, existen causas de origen orgánico o corporal. El embarazo supone un cierto esfuerzo y puede ocasionar dolores musculares (principalmente, lumbalgias y pinzamientos del nervio ciático).
  • Otras embarazadas sufren problemas circulatorios (aparición de varices). Pueden aparecer problemas digestivos y/o vómitos durante largos períodos.
  • La mayoría de las embarazadas sufren de insomnio los últimos meses por las incomodidades posturales que produce el abultamiento del abdomen a la hora de dormir. Si a todo esto sumamos el esfuerzo del parto, nos encontramos con que la madre llega bastante agotada.
  • Por otro lado, el cambio hormonal es muy brusco e, indudablemente, las hormonas tienen una incidencia enorme en los estados de ánimo. Por tanto, la mujer va a sentirse mucho más vulnerable e inestable anímicamente.
  • Otro de los motivos que pueden incidir en la depresión posparto tiene que ver con las expectativas ante el bebé que va a nacer. Todas las embarazadas sueñan secretamente con tener un niño de anuncio. Esos querubines de facciones perfectas, sonrisa encantadora, ojos azules, rubitos y piel sonrosada que vemos en las revistas, en la televisión y en el cine son el ideal. Lo real es que los bebes recién nacidos no coinciden con ese patrón modelo, pero eso no es lo peor de todo. Lo peor es que esperamos sentirnos “supermadres”, se idealizan los sentimientos y, cuando no sentimos “esas cosas que cuentan”, la madre primeriza se siente culpable. En su fuero interno, piensa que, si no ha experimentado “el éxtasis de arrobamiento con el bebé” que cuentan otras madres, cree no ser buena. Se consideran madres desnaturalizadas, cuando, en realidad, “lo natural” es que te duelan los puntos, que el bebé te haga daño al engancharse al pecho y que no le encuentres (de momento) el ser más hermoso del mundo.
  • Quizá uno de los factores que influyen más a la hora de padecer una depresión posparto es el sentimiento de enorme responsabilidad que se nos viene encima al tener a esa personita en brazos y saber que algo tan tremendamente serio como su vida depende ahora de ti. Además, parecen tan frágiles que a veces da miedo no saber criarles. Durante el embarazo, el feto se abastece automáticamente de todo aquello que necesita. La embarazada actúa como un mero transportador y tan sólo se debe preocupar de cuidarse y llevar una vida sana. Pero, una vez ha nacido, requiere infinidad de cuidados y atenciones. Prácticamente, requiere una hora de cada tres para ser amamantado, que expulse los gases, cambiarle, acomodarle y, al cabo del rato, volver a empezar. Entre tanto, un rosario inacabable de amigos, vecinos y familiares van desfilando por la casa para conocer al recién nacido, con lo que la mamá estará algo nerviosa y agotada.

Luego razones para que se caiga en una depresión, “haberlas, haylas”, como las meigas. Ahora bien, no todas las madres tienen depresión posparto.

CÓMO PREVENIR LA DEPRESIÓN POSPARTO

  • Para evitar los miedos tanto al parto como a la crianza, es aconsejable que toda mujer embarazada haga un curso de preparación al parto. El conocimiento de todos los detalles te hará ir más segura.
  • Además, tienes nueve meses para aprender lo que es un bebé. Para ello, te recomiendo que leas las publicaciones específicas sobre la maternidad que te recomiende tu médico.
  • A su vez, no dudes en plantearle al médico cualquier interrogante que puedas tener al respecto. Esto te tranquilizará.
  • Practica la relajación a lo largo del embarazo: es una herramienta fácil y útil para llegar al momento del alumbramiento con energía y vitalidad.
  • Aprovecha siempre que puedas para hablar con tu bebé. Se ha demostrado que eso beneficia tanto a la madre como al hijo y facilita la conexión entre ambos.
  • Escucha música clásica o música new age. Los bebés pueden oír dentro del abdomen de la madre y luego, una vez nacen, esa música les tranquiliza.
  • Vive tu embarazo con intensidad; aunque, en algunas ocasiones, puedan surgir algunas molestias, el embarazo NO es una enfermedad.
  • Ten unas expectativas realistas. Esos estados casi místicos que te han contado no surgen de la noche a la mañana.
  • A querer a tu bebé también aprendes.
  • Pasados los tres primeros meses, casi todos los bebés se estabilizan y todo es mucho más fácil.

CÓMO SUPERAR LA DEPRESIÓN POSPARTO

Si hemos llegado tarde y ya tienes una depresión, sigue estas pautas:

  • Para paliar los síntomas de fatiga física, procura llevar una alimentación equilibrada (véase el capítulo Otros trucos).
  • A su vez, es necesario que dediques los espacios entre toma y toma del bebé a descansar.
  • Si puedes contar con la ayuda de algún familiar y, por supuesto, del padre de la criatura, no dudes en aceptarla. No es necesario que demuestres que eres muy capaz y que no necesitas ayuda de nadie porque estarás llevándote al límite de tus energías. Es preferible que te dejes ayudar durante algún tiempo, porque, si la depresión enraíza con fuerza, la padecerás durante mucho más tiempo y eso perjudicará tus relaciones de pareja y, en cierto modo, los lazos materno-filiales.
  • Si, por circunstancias, no puedes contar con ayuda, es necesario que no te obsesiones con la limpieza de la casa. Si está más sucia, como si está más limpia, lo importante es que puedas coger fuerzas para sentirte mejor.
  • Por otro lado, la depresión que tienes se alimenta con lo que piensas, con lo que te dices a ti misma.

Para atajar los pensamientos del tipo:

«Yo no voy a saber ser una buena madre»

«Me siento culpable cuado el niño llora por la noche y me fastidia levantarme a acomodarle.»

«Todas las madres son mejores que yo.»

«Ya no soy atractiva porque mi cuerpo tiene señales de mi maternidad.»

«La vida con esta responsabilidad no va a ser igual.»

«Tengo pánico a que le pase algo a mi bebé.»

«Si llego a saber que esto era tan duro, nunca hubiera tenido hijos.»

Y otro sinfín de pensamientos que te hacen daño, di BASTA y atiende a los siguientes razonamientos:

  • Miles de millones de mujeres a lo largo de la historia de la humanidad han sacado a sus hijos adelante, yo no voy a ser menos: no soy una excepción.
  • No existen las madres perfectas porque las personas no somos perfectas. Lo que no sepa lo aprenderé. Nadie nace enseñado y la experiencia es un grado.
  • Es cierto que la vida cambia tras tener un hijo, pero no necesariamente para mal.
  • Para cuidar la salud de mi bebé, cuento con su pediatra y confío plenamente en él.

Por último, quisiera aclararte algunas cosas. Como consta en el capítulo de la pareja, para las dos cosas más difíciles de la vida (llevar una pareja a buen puerto y criar a los hijos), casi no existen lugares donde prepararse. Sin embargo, la regla de oro es: AMOR Y SENTIDO COMÚN.

Al nacer tu hijo, habrás recibido cientos de consejos bienintencionados:

Tu madre: «Para que suelte los gases, lo mejor es que le tumbes sobre tus rodillas».
Tu suegra: «Para que suelte los gases, le pones en vertical y le das golpecitos en la espalda».
Tu tía: «Este niño llora porque le duelen los oídos».
Tu vecina “la lista”: «¡Qué va! Lo que le duele es la barriguita».
Otros: «No lo cojas siempre que llore porque se malcría». «Cuando un bebé llora, hay que cogerlo.» «Ponlo a dormir siempre boca abajo.» «Pues a mí me decían que boca arriba.»

Total, te vuelven loca y te generan un mar de dudas. Lo mejor que puedes hacer es no hacer caso más que a tu pediatra: él te indicará cuál es la mejor forma. Y tranquila, antes de que te des cuenta, tu bebé habrá crecido sano y fuerte, porque no son ni la mitad de frágiles de lo que nos imaginamos.
Disfrútalo porque una de las cosas más bonitas que nos regala la vida es la sonrisa de un hijo (tenga la edad que tenga). 

 Margarita Rojas

 
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