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Miércoles 18 de Octubre del 2017

Artículos de nutrición

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DIETA MEDITERRáNEA Y OBESIDAD
  Existen datos epidemiológicos que muestran la existencia de una relación inversa entre el consumo de hidratos de carbono y el índice de masa corporal. Entre los grupos de población con un alto consumo de hidratos de carbono se observa una menor prevalencia de la obesidad que en aquellas zonas con alto consumo de grasas animales.

Los estudios epidemiológicos muestran que al principio de la década de los 60 la prevalencia de la obesidad y el sobrepeso en los países mediterráneos era bastante inferior que en el resto de países industrializados. Si embargo, en las últimas décadas el estilo de vida y los hábitos alimentarios han cambiado entre la mayor parte de la población mediterránea, que tradicionalmente seguía una dieta basada en el aceite de oliva como principal fuente de grasa, el pan como alimento básico, la abundante ingesta de legumbres, verduras y frutas, y un consumo moderado de carne y productos lácteos.

Aunque el aceite de oliva tiene un alto contenido energético en comparación con otros tipos de grasas (9 kilocalorías por gramo), en la dieta mediterránea tradicional la cantidad de aceite contenida no es suficiente para provocar obesidad por sí misma. Este producto es la principal fuente de grasa, pero al mismo tiempo el consumo de grasa de origen animal es bastante bajo en la dieta mediterránea al tiempo que los alimentos de origen vegetal son ingeridos en mayores cantidades.

La dieta mediterránea tiene un alto contenido de hidratos de carbono complejos y fibra y proporciona un contenido energético acorde a las necesidades de una persona activa sin llegar a ser hipercalórica, por lo que su adopción ha de ser considerada como una medida de prevención de la obesidad. De este modo se consigue que la alimentación sea baja en grasa total y grasa saturada y aporte gran cantidad de antioxidantes, imprescindibles en la prevención de diversas enfermedades crónicas

La dieta mediterránea es una filosofía de vida basada en:
· Una forma de alimentación compuesta de una combinación de ingredientes tradicionales o actualizados mediante las modernas tecnologías.
· Recetas y modos de cocinar de la zona.
· Cultura y estilos de vida típicos del Mediterráneo.
· La combinación de sus elementos da una saludable dieta.

Normas básicas
· Debe acostumbrarse a tres comidas diarias y entre ellas permanecer sin comer nada de forma inflexible.

· Se recomienda el control del peso mediante una buena báscula o del volumen con una cinta métrica, ya que demuestran los resultados y fortalecen la voluntad y la perseverancia.

· Es muy conveniente realizar una buena digestión.

Qué engorda

· Están prohibidas las nata, la mantequilla, embutidos grasos, salsas con harinas, los tipos de carne, pescados, aves y quesos grasos. Se debe disminuir considerablemente la ingesta de sal común, patatas, harinas y golosinas.

· Evitar especialmente los bombones, nueces, pasteles pesados, salsa mahonesa.

· Es recomendable tomar poco café, nada de alcohol, y tratar de no beber durante las comidas.

Cómo hacer una dieta mediterránea

Cuando se tomen legumbres, que son comidas muy energéticas, el segundo plato debe serlo menos para no “pasarnos” de calorías. Por ejemplo, puede ser pescado o huevo, acompañado de ensalada.

El arroz permite un segundo plato con más calorías, por ejemplo carne de pollo o pavo. No acompañarlo de patatas, pues el arroz es un hidrato de carbono y las patatas también.

Una pasta y de segundo carne o pescado, según con qué acompañes la pasta, es una buena opción. También puede ser plato único.

Una verdura cocida rehogada con aceite, ajos y unas tiras de bacon es un ejemplo perfecto. Otra opción es, después de cocida, gratinarla con bechamel, pero eso añade más calorías. Como segundo se pueden cargar esta vez las tintas, así que un buen filete con patatas fritas.

Un guiso de patatas va bien con carne o pescado. Puede ser plato único.

Para las cenas aquellas comidas un poco más ligeras como las sopas, las pizzas y el huevo. Ojo con los bocadillos de embutido, que tienen mucha grasa y por tanto dosis elevada de calorías. Es recomendable acostumbrarse a tomar un buen plato de ensalada recién hecha, que sacia y apenas tiene calorías (si no se añade queso, aceitunas, nueces, atún, etc).
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