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Viernes 24 de Febrero del 2017

Artículos de nutrición

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ALIMENTACIóN ECOLóGICA
  Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 6 por ciento de las enfermedades degenerativas se deben a una mala alimentación. La importancia de comer bien no sólo radica en combinar adecuadamente los diferentes grupos de alimentos en nuestra dieta sino en consumir productos de calidad. Aquí podría ayudar, y mucho, la comida ecológica, que nos permite conocer de forma exacta lo que estamos ingiriendo.

Las personas que optan por una dieta ecológica buscan, en realidad, salud. Entienden este tipo de alimentación, basada en productos no industrializados libres de químicos, como "medicina" para conseguir un bienestar interior que se refleje también a nivel exterior.

El empleo de los términos biológico, ecológico, biodinámico u orgánico está regulado por la ley y reservado a los productos agrarios y alimenticios certificados bajo la normativa vigente, aunque en ocasiones autoriza que algunos alimentos utilicen el término de "natural" en su denominación. Este es el caso del yogur, el café y el agua mineral, entre otros. Sin embargo, ciertos productos emplean este término como un reclamo publicitario asociado a una mayor calidad. Muchos de los productos denominados "bio" que encontramos en el mercado no proceden de la agricultura ecológica. Quesos, mantequillas, galletas o leche que encontramos habitualmente en los supermercados con la palabra "bio" en su etiqueta no son de origen biológico sino que contienen bífidus. Hay que fijarse bien porque son dos cosas muy distintas y constituye la principal razón por la que diversas asociaciones ecológicas han denunciado el hecho. Estas acciones, sin duda, tienen sus efectos, y el pasado 21 de enero Snack Ventures S.A. tuvo que retirar del mercado la gama de productos chips que comercializa con el nombre de "Lay's Mediterráneas" por publicidad engañosa. Un juez de Barcelona dictaminó que poner en el envase de este tipo de patatas "elaborado con aceite de oliva" resultaba inexacto puesto que sólo representa un 2 por ciento del total de la composición del producto. La misma empresa reconoció que las patatas no están fritas con aceite de oliva sino con aceites vegetales y que el de oliva "se añadía como puro de condimento".

Si todos los productos alimentarios cuentan con garantías de seguridad y de calidad, la agricultura ecológica debe cumplir con criterios suplementarios en lo que se refiere a la producción y la transformación de los alimentos. Se presta especial importancia a la protección del medio ambiente y, en lo que respecta a la ganadería, al bienestar de los animales.

La carne de vacuno que lleva el logotipo comunitario de producción ecológica tiene la garantía de haber sido elaborado siguiendo las estrictas normas dictadas por la Comisión Europea.


Por eso, ahora muchas marcas están obligadas a especificar en los envases de sus productos una explicación más exacta sobre ese presunto origen.

Existe una amplia gama de alimentos biológicos sobre los que se asienta la dieta ecológica: frutas, hortalizas, legumbres, elaborados (aceites, cereales, pastas, refrescos, etc.), lácteos y carnes. También existen numerosas corrientes dentro de este tipo de dieta, como el naturismo, el crudivorismo, la macrobiótica, etc. La cocina ecológica integral es quizá la que reúne los principios más relevantes de todas y la más practicada, basada en el consumo de cereales integrales, legumbres y sus derivados (son fundamentales los procedentes de la soja: tofo, miso y salsa de soja) y las verduras terrestres y marítimas (algas). Estos principios los complementan con brotes germinados, jugos de frutas y verduras, semillas, aceites de primera presión en frío y el consumo de fermentos como el chucrut de fermentación natural. También son partidarios del consumo de carne, lácteos y pollo de origen orgánico y especialmente de pescados de mar, puesto que aportan ácidos grasos esenciales omega 3 y 6.

Los productos denominados biológicos proceden de la agricultura y ganadería ecológica. La primera nace con el objetivo de cultivar productos de máxima calidad nutritiva a partir de técnicas tradicionales que respetan el medio ambiente y conservan la fertilidad del suelo sin utilizar productos químicos-sintéticos. Y la segunda se crea a partir de animales de razas autóctonas del país, controlados desde su origen a base de leche materna hasta los ocho meses y con alimentos que no utilizan no grasas, ni harinas de origen animal ni aditivos de ningún tipo para su proceso de crecimiento o engorde. Todos los productos ecológicos pasan por unos estrictos controles de seguridad alimentaria, por parte de autoridades regionales como europeas, e incorporan un sello de calidad que certifica la autenticidad de su origen.

El consumo de alimentos ecológicos no está, ni muchos menos, masificado. El principal obstáculo que debe salvar la comida biológica es su elevado precio. La diferencia económica entre los alimentos convencionales y los ecológicos es abismal en muchos casos, por lo que las personas que se sienten atraídas por este tipo de dietas y no disponen de un presupuesto holgado para hacer la compra deben resignarse a adquirir productos convencionales que utilizan la palabra "natural" o "bio" en sus etiquetas de manera.

El precio de este tipo de comida es elevado porque, en primer lugar, se trata de un cultivo alternativo y minoritario que requiere todavía un gran número de intermediarios, y, en segundo lugar, porque la distribución se realiza todavía en establecimientos especializados y no en grandes centros comerciales o tiendas de alimentación convencional. Aunque es cierto que cada vez son más las grandes superficies que dedican un espacio a este tipo de productos, todavía no es lo suficiente como para abaratar costes y acercar estos alimentos a los consumidores.

Con el objetivo de poner al alcance de la mayoría el consumo habitual de la comida ecológica, es necesario reducir el precio de estos productos. No se trata de equiparar precios con los alimentos convencionales sino de situarlos en unos niveles aceptables y asequibles, puesto que muchas personas están dispuestas a pagar un poco más por un producto que saben está elaborado de manera natural, sin pesticidas ni productos químicos. Como en tantos otros ámbitos de la vida actual, se empieza a valorar mucho más la calidad que la cantidad, pero esto no significa que los consumidores estén dispuestos a pagar el doble por productos ecológicos: un tetrabrik de leche de soja en un supermercado es tres veces más barato que en una tienda especializada.

Productos españoles que salen de nuestras fronteras:
Todas las comunidades autónomas españolas se han concienciado con el medio ambiente y la mayoría dedica una parte de su economía a la exportación de productos ecológicos. Galicia, por ejemplo, ha sido la primera comunidad autónoma española en vender leche ecológica a países extranjeros. La demanda de este producto se ha disparado en los últimos meses y la leche orgánica gallega ha aprovechado el tirón para competir en el mercado extranjero. Otro caso es el de las Islas Baleares, que han apostado por la exportación de vino y confitura biológicas.


La alimentación ecológica ha pasado de ser una rareza distribuida por pequeñas tiendas a convertirse en una demanda atendida también por las grandes superficies y los supermercados especializados, que, con pedidos voluminosos, tratan de ofertar estos productos a precios más baratos.

La política de este tipo de supermercados no difiere demasiado de los convencionales, aunque el contenido de sus estanterías sea estrictamente ecológico con sellos que lo acreditan como tal.

Esto queda demostrado con los embutidos ecológicos, que se venden mucho y cuya diferencia con los convencionales es que proceden de animales que han consumido pastos naturales y no han sido tratados con antibióticos pero son igual de sabrosos.

La venta en supermercados y grandes superficies pueden suponer el primer "asalto" a la generalización de los productos procedentes de la agricultura biológicos en España, que curiosamente es uno de los grandes países productores de Europa pero con un consumo que no supera el uno por ciento del total de la alimentación, frente al diez por ciento de Dinamarca, por ejemplo.

Por agricultura ecológica se entiende aquella que no utiliza productos químicos de síntesis como fertilizantes, fitosanitarios o antibióticos, consigue alimentos con todas sus propiedades naturales y al mismo tiempo contribuye a la conservación del medio ambiente.

Para proteger las cosechas, se opta por el combate orgánico de las plagas, la diversificación de los cultivos, la siembra de cultivos variedades adaptadas la medio y los nutrientes naturales.

En la ganadería, se alimenta a los animales con productos proporcionados por el medio, se controla el hacinamiento para prevenir epidemias y no está permitido el uso de sustancias que promuevan crecimientos anormales.

El resto de alimentos ecológicos deben estar elaborados con aditivos naturales y están prohibida la adicción de vitaminas colorantes y minerales.

Las cifras avalan el despegue de la agricultura ecológica en España en los últimos años.

Según datos del Anuario de la Alimentación de Mercasa, la agricultura ecológica en España supera las 665.000 hectáreas; hace doce años era de 4.200 y no se superó la barrera de las 100.000 hectáreas hasta 1996, lo que supone un incremento interanual del 37 por ciento.

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